Nací en un parto normal.
Luego de siete meses de espera por parte de mi madre en reposo.
Siempre le agradecí esta atención.
Aparentemente tenía el corazón un poco mas grande. Crecí con la certeza de que se trataba de un defecto.
Mis primeros años fueron aparentemente felices, escuelas inglesas que educaban a los niños argentinos como si estuviéramos en Inglaterra. Pese a que estábamos cerca de uno de los fines del mundo.
Frente a los extraordinarios y poco felices sucesos familiares el arte se me presentó como mi refugio.
Un espacio donde mis sueños eran realidad.
Primero la música, vientos. Flauta dulce, traversa, saxo. En el comienzo de la adolescencia me cambié, junto con las hormonas que estallaban, a la batería. Tuve un grupo de rock. Sin equipaje.
Los títeres me acompañaron desde muy chico también. Escribí y realicé mis primeras obras desde los siete años. A los doce debuté en el teatro donde actué, asistí y dirigí varias obras.
Por suerte a mi maestro le interesaban los clásicos y pude realizar espectáculos con la mayoría de los autores que me gustaban.
Viví como actor y director de teatro varios años . Llegué a la publicidad como actor, los directores para los que trabajé me pedían que los ayudara con la dirección de actores de sus comerciales y las agencias que me veían trabajar me impulsaron como director. El cine me resultó un medio donde el lenguaje visual me permitió unir varios de mis intereses y trabajar en equipo. Como director en publicidad fui muy afortunado y trabajé con los mejores creativos tanto de argentina como de Latinoamérica y con esa ayuda invalorable realicé trabajos de los cuales estoy muy orgulloso y que me abrieron la puerta para trabajar con los principales mercados del mundo. Hoy más que nunca busco que cada trabajo sea una obra única y esto lo hago por agradecimiento a una profesión que me dio todo lo que soy, mi humilde forma de agradecerlo es colaborar en hacer una publicidad mejor, que sea reflejo de nuestra humanidad, de toda nuestra humanidad.